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sábado, 9 de noviembre de 2013

Consciencia, conciencia y conveniencia: tres enemigas irreconciliables.

Soy consciente que lo que voy a escribir no va a sentar nada bien a
algunos lectores.
Mi conciencia me dice que debo escribirlo, y no tengo nada claro que sea
conveniente hacerlo.

Esta reflexión la llevo madurando toda la semana tras los
acontecimientos que precipitaron el cierre de RTVV.

Quiero pensar, que los trabajadores de cualquier medio de comunicación,
yo entre ellos, somos conscientes que nos debemos a las direcciones de
nuestros respectivos medios.
Ellos dictan lo que se debe y no se debe cubrir, según sus intereses,
más que por los intereses del espectador final. La forma de cubrir
realizar y dar una noticia, nunca en un medio público se hizo siguiendo
criterios periodísticos, en los que la famosa frase pronunciada en los
informativos de Tele5 allá por los años 90 "así son las cosas, y así se
las hemos contado!" es una auténtica utopía.

Los jefes mandan, los jefes disponen y los empleados, conscientemente
cumplimos las órdenes.
Los medios de comunicación públicos, pocas veces han sido dirigidos por
periodistas, sino por comisarios políticos del gobierno pagano.
En RTVV se ha visto claramente esta situación, particularmente en estos
últimos días, en que los informadores han pedido excusas por no informar
correctamente de muchas cosas ocurridas en los últimos años.
La duda, es: Qué entienden ellos por informar correctamente?
Yo no lo tengo claro. Hay 3 posibilidades: 1. La que ha ocurrido, que el
comisario político ha utilizado su lápiz rojo censor y ha ordenado
esconder cosas que pueden hacer daño al partido político gobernante. 2.
que los espectadores esperen que se carguen las tintas contra el
gobierno por los errores cometidos, o por los que ellos creen que se han
cometido, simplemente porque cualquier acción del gobierno, que no
coincide con su ideario político, es mala y nefasta. Que los periodistas
cuenten, aunque no sean ciertas informaciones criticando a los gobernantes.
3. La utopía, que el periodista haga de notario de la actualidad y se
limite a contar los hechos, sin pensar ni en los deseos de ocultar de
sus jefes ni en las ganas de carnaza del público destinatario de la noticia.
Los compañeros de RTVV han cometido varios errores, y ahora pagan las
consecuencias, al quedarse solos e incomprendidos por la mayoría de la
sociedad.
1. No se revelaron ante las marcas de lápiz rojo de los jefes.
2. asumieron sumisos, porque así les convenía, que los jefes limpiaran
de contestatarios las instalaciones de la empresa con un ERE salvaje.
3. cuando la justicia, lenta, y casi siempre segura ha puesto a cada uno
en su lugar, han respondido a la extemporaneidad de la decisión de sus
jefes, sacando a relucir fuera de tiempo y contexto, todas las chapuzas
y componendas de sus jefes, porque claro, ahora, ya no les sirve obrar
según conveniencia. Ahora, son ellos las víctimas de los mismos jefes a
los que han consentido.
Lo ocurrido en RTVV nos debe hacer reflexionar a todos. Las cosas son
como son, no como queremos que sean. Esto es válido para todos, tanto
periodistas como jefes, o gobernantes.
Que se ha perdido la esencia del periodismo, es un hecho. Que la ética,
asignatura que los periodistas estudian en primero de carrera, es una
asignatura a la que muchos han faltado, y que la manipulación está
asumida como normal. Nos dejamos manipular por los jefes interesados en
dar un determinado mensaje. Nos dejamos manipular por los shares de
audiencia, que condicionan la publicidad y los ingresos de las empresas.
Manipulamos al espectador final, el que no tiene una idea concebida,
pero que se fía de nosotros porque nos consideran un referente.
Ha llegado el momento de cambiar esta forma de hacer periodismo,
particularmente en los medios públicos, pagados por todos los
contribuyentes, el de derechas y el de izquierdas, el independentista y
el ultranacionalista. Nos debemos a los espectadores, y debemos contar
lo que sucede, no lo que nuestros jefes o nuestra ideología nos dicen
que sucede.
Debo decir, que no soy periodista, que soy uno de aquellos empleados de
base necesarios para que el milagro de que una noticia llegue a casa del
telespectador se realice cada día.
Solo una vez me he sentido despreciado por un periodista que entendía
que yo no debía formar parte de las decisiones de la emisora. Él nunca
entenderá que si yo no estoy, el no podrá tener todas las armas
necesarias para realizar su trabajo, y tampoco sabrá, porque no se lo
merece, si trabajo porque considero que las informaciones que da son
buenas, o simplemente porque me conviene, porque tengo una familia y al
final también ellos comen.
Soy consciente que lo que escribo no gustará, que mi conciencia me
dictaba escribirlo, y que sigo sin saber si verdaderamente me conviene
haberlo escrito.

1 comentario:

María Teresa Cobo dijo...

En mi muy humilde opinión tienes muchísima razón y has hecho muy bien en exponer tus puntos de vista. ¡Me encanta lo que escribes!