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lunes, 20 de septiembre de 2010

Contando personas, exagerando a conveniencia.

Hacía días que no escribía nada, pero la muerte de José Antonio Labordeta y
las noticias que sobre su capilla ardiente han aparecido me han dado pie a
escribir algo.
Según informaban ayer los medios, 15.000 personas pasaron por la capilla
ardiente en la primera hora de apertura.
La primera idea: Co** si que le quería la gente! cuanta gente ha ido! pero
luego, cojo la calculadora, y me llevo un pasmo: casi 4 personas y media por
segundo!
Si como salía en los medios, la gente ha tenido tiempo para mirar el ataúd,
y dejarle flores, las cosas no me cuadran.
Pero sigamos analizando:
Según las últimas noticias, pasaron en las seis horas que estuvo abierta la
capilla 26.156 personas. Vuelvo a pensar, pues sí, definitivamente la gente
le quería mucho.
Pero esa lógica tozuda que tengo, me hace coger de nuevo la calculadora, y:
aun habiendo bajado la media bastante, me sale que han pasado a razón de 1,2
personas por segundo, osea 72 por minuto.
Seguimos analizando, más que nada para desentrañar el engaño:
Si estas personas se pusieron en fila, calculando que en condiciones de
saturación excesiva en un metro cuadrado caben dos personas, tenemos que la
fila hubiera medido 13 kilómetros en las seis horas, y que en la primera
hora, al menos pensando que la mitad esperaron a que se abriera la capilla
ardiente, debieron hacer una fila de unos 2 a tres kilómetros de larga.
No sé a quien se pretende engañar cuando se dan las cifras de asistencia a
los eventos, pero la gran diferencia denúmeros de asistencia según las
fuentes, me lleva a pensar que tenemos una proverbial tendencia a la
exageración por intereses propios.
Al bueno de José Antonio Labordeta le queríamos muchos, pero no creo que
tantos como dicen asistieron ayer a su capilla ardiente. A él, amante de las
cosas pequeñas y bien hechas, creo que estas grandilocuencias no le hubieran
gustado.